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Albedo: Cómo el océano más pequeño del mundo refleja la luz del sol para mantenernos frescos

Por millones de años, mucho antes de que los seres humanos pisaran la Tierra, el Océano Ártico estaba congelado durante todo el año. Su hielo más espeso resistía el calor de las 24 horas de luz solar del verano, y su capa más delgada se solidificaba de nuevo durante los meses oscuros y fríos del invierno. Pero ahora, el Océano Ártico está cambiando del blanco del hielo al negro del mar abierto. Su hielo de muchos años está disminuyendo, y en tan solo medio siglo el 75 por cuento del hielo marino de verano ha desaparecido. La pérdida tiene consecuencias profundas y de amplio alcance porque representa el colapso del sistema de enfriamiento natural de la Tierra.

“Albedo”, que se deriva del latín para “blancura”, es una medida de la reflectividad de una superficie. El efecto albedo, al aplicarse a la Tierra, es una medida de cuánta energía solar se desvía de nuevo hacia el espacio. La superficie terrestre es un amplio mosaico de colores, que varías dende las superficies oscuras de los océanos y bosques hasta el deslumbrante blanco del hielo y de la nieve. Cada superficie tiene un efecto específico sobre la temperatura de la Tierra. La nieve y el hielo tienen el albedo más alto, que refleja el 50 por ciento de los rayos del sol. Las aguas oscuras abiertas tienen el albedo más bajo que absorbe el 90 por ciento.

Conforme el área de hielo blanco disminuye, se absorbe más calor hacia el océano oscuro. Esto genera un circuito de retroalimentación positivo: agua más cálida que derrite más hielo de la parte inferior, mientras el CO₂ atrapado en la atmósfera conserva calor en el aire y continúa calentando el hielo superficial. La humedad también aumenta conforme se eleva la temperatura, y el vapor de agua es un poderoso gas de efecto invernadero. Así, más hielo se derrite, lo que expone más agua oscura, misma que derrite más hielo de la parte inferior, y así sucesivamente. Los científicos llaman a lo que está ocurriendo en el océano Ártico una “espiral de la muerte”. Entre más hielo del Ártico se derrite, más se calienta el planeta, lo que derrite más hielo, con resultados globales catastróficos.

Por ejemplo, conforme se derrite el hielo, los patrones de clima del mundo se vuelven más inestables. Las inundaciones y las sequías van en aumento, golpeando más fuerte en las áreas ya vulnerables. Un planeta en calentamiento también significa una crisis de agua y de hambre. Además, la pérdida del hielo polar también contribuye al aumento del nivel del mar. Cientos de millones de personas viven en ciudades que son susceptibles a los niveles del mar en aumento. En nuestra trayectoria actual, el aumento del nivel del mar va a redibujar el mapa del mundo, desplazando a 2 mil millones de personas para el año 2100.

La actividad empresarial en el océano Ártico complica aún más el problema al destruir el hielo remanente, oscurecer lo que queda y extraer las reservas de petróleo y de gas que los científicos advierten que están fuera de los límites si queremos evitar que el mundo se caliente más de 2 °C.

Teniendo en cuenta estos factores, queda claro que se requiere la protección firme, significativa y a gran escala del océano Ártico para detener el estímulo de la “espiral de la muerte” y evitar efectos ecológicos y humanitarios globales importantes. MAPS, el Santuario Marino para la Paz del Ártico, es la opción más rápida e integral disponible, y exhortamos a los formuladores de políticas relevantes a que lo adopten de inmediato.