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Sumergirse en el infinito

Durante siglos, sabios de todas las tradiciones han escrito sobre el océano para ilustrar la infinita extensión de armonía debajo de nuestras diferencias superficiales. El antiguo texto en sánscrito “Ashtavakra Gita” ofrece esta rica descripción de lo divino: “Soy el océano infinito… Soy la profundidad ilimitada en la que las olas de todos los mundos se elevan y descienden. Pero yo no me elevo ni desciendo”.

Muchos de nosotros vivimos sintiéndonos atrapados entre las olas de la superficie que se elevan y descienden, y olvidamos los tesoros que hay en nuestras profundidades. Del mismo modo, tendemos a ver al océano simplemente como una inmensa masa de agua. Pero si nos abrimos al océano más íntimamente, y nos encontramos con él con presencia profunda, nos damos cuenta de que en realidad es una invitación a sumergirnos en un modo de ser totalmente nuevo.

En efecto, el océano es infinito en su expresión. Desde olas que ondulan suavemente hasta altas olas con espuma, desde la quietud congelada hasta tormentas tropicales, su superficie es el escenario de un millón de formas y sonidos. Debajo del flujo de las olas, encontramos profundidades eternas rebosantes de vida incalculable. A medida que nos sumergimos, toda la confusión de la superficie se desvanece rápidamente, pierde toda importancia. Los sonidos del aire desaparecen, y descubrimos una nueva gama de sonidos.

Tal vez solo entonces tomamos conciencia de que incluso cuando estamos de pie en la orilla, de hecho estamos dentro de un océano de sonidos. Descubrimos que percibimos erróneamente los sonidos simplemente como algo mecánico de nuestros oídos. A pesar de eso, movilizados por el mundo submarino, sentimos los sonidos resonando dentro de todo nuestro cuerpo y a través de todo lo que nos rodea. Como un niño sostenido con cuidado en las aguas perfectas del útero materno, estamos en casa. Aunque nuestros antiguos ancestros se arrastraron fuera del océano y aprendieron a caminar en la tierra, sabemos que nunca podremos dejar atrás la inmersión. Es, y continuará siendo, nuestra verdadera naturaleza. En cada momento, se nos llama a renacer en el océano de la vida.

Rico y acuático en sus armonías y fluyendo en sus cantos, con letras que hablan al corazón de nuestra unidad con el mar, el próximo disco simple de GEM: Global Education for MAPS (Educación global para MAPS) “Himno al océano” (“Ocean Anthem”) evoca, a través de un océano de sonidos, el océano dentro de todos nosotros. Nos convoca a cuidar el bienestar de las grandiosas aguas de nuestro planeta, de las que dependemos totalmente.

Sin el océano y sus habitantes, no podríamos sobrevivir. Perdemos de vista esta realidad cuando pensamos en nosotros mismos como entes separados, y olvidamos que lo que elegimos no solo nos afecta a nosotros mismos, sino también a toda la vida sobre la Tierra. Estamos interrelacionados intrínsecamente. Cada ola que se forma, cada latido de nuestro corazón, y cada grito de las ballenas en las profundidades, son partes del universo sinfónico. Naturalistas, físicos cuánticos y místicos, todos están de acuerdo en cuanto estos puntos vitales. Para curar la división ilusoria dentro de nosotros mismos y entre unos con otros, necesitamos volver a sumergirnos en el océano resonante de la conciencia, nuestro derecho inalienable.

Debajo de las tormentas de temor y conflicto de la superficie está la realidad perpetua de nuestra unidad. El “Himno del océano” de Parvati llega a las ondas radiofónicas y el vídeo en 2020 como una invitación para que reflexionemos sobre quiénes somos realmente, y volvamos a sumergiros en las profundidades del amor y la unidad. Al hacerlo, encontramos el coraje y la compasión para actuar en aras de un mundo saludable.